miércoles, 28 de octubre de 2009

Actividades económicas


Geografía de América Latina
Actividades económicas

1- ¿Qué son las actividades económicas y cuáles son los sectores en que se divide la economía de un país?
2-¿Qué es el ambiente?
3-¿Qué son los recursos naturales?
4-¿Qué importancia tiene la producción de materias primas para nuestra región?
5-¿Cuáles son las características comunes de la región en cuanto a organización del espacio agrario y tenencia de la tierra?
6-¿Qué fue la revolución verde?
7-¿Qué es la FAO y cuál ha sido el objetivo de su creación?
8-Describe las principales características de cada uno de los actores sociales de la agricultura latinoamericana.
9-Explica las características de la agricultura en áreas tropicales, templadas y de montaña.
10-¿Qué es la agricultura de regadío? ¿Dónde se aplica? ¿Cuáles son sus ventajas y desventajas?.
11-¿Qué es la agricultura sustentable? Explica las principales técnicas.

Son las que se orientan a la producción, la circulación y el consumo de bienes y servicios.

El sector primario (producción de materias primas) comprende la agricultura, la ganadería, la silvicultura, la pesca, la caza y la minería.
El sector secundario (de transformación), incluye a la industria, la construcción y la transformación de energía.
El sector terciario abarca la actividad comercial, el transporte y los servicios en general.
La actividad cuaternaria comprende las de altísimo desarrollo tecnológico como la informática, la genética, la tecnología aeroespacial, etc.

Los componentes del medio natural, se ponen en valor a través de las actividades económicas, son transformados en recursos y se crea así el ambiente.

El ambiente es el entorno en el que se desarrolla la vida humana, es decir, donde vivimos las personas. En el ambiente están incluidas tanto las condiciones naturales de los lugares, como las construcciones y transformaciones que las sociedades realizan, a través del tiempo, con el fin de satisfacer sus necesidades de alimentación, abrigo, vivienda, obtención de energía, ocio y recreación, etc.

Los elementos y procesos naturales que las sociedades valoran y consideran útiles para satisfacer sus necesidades, y que pueden transformarse mediante el trabajo y la aplicación de tecnología, se denominan recursos naturales.
El aprovechamiento o uso de los recursos naturales tiene que ver con las necesidades presentes, pero también con el grado de desarrollo tecnológico alcanzado, con las costumbres y la cultura, con el modelo de organización económica que predomina, etc. Puede ocurrir que un mismo recurso natural sea la base de la economía de una sociedad mientras que otras comunidades no lo pueden aprovechar. Las limitaciones o las posibilidades de aprovechamiento dependen, en términos generales, de factores sociales, económicos, políticos y culturales.

Aproximadamente hacia el año 3000 A. C., el petróleo comenzó a usarse como betún. Así dejó de ser un simple elemento de la naturaleza para convertirse en recurso, esto es, un elemento que puede ser apropiado  y utilizado en alguna actividad humana mediante el trabajo. Solo a mediados del siglo XIX surgió la necesidad social de su utilización en gran escala como el principal combustible, así como la tecnología necesaria para extraerlo y procesarlo.

América Latina: una economía basada en las actividades primarias

Los países de América Latina se han insertado en el Sistema Económico Mundial, luego de la Revolución Industrial, como productores de materias primas.
La economía de cada país tomó la fisonomía del o los recursos que se podían explotar en el momento de la independencia y organización económica de cada país (en general desde las primeras décadas del siglo XIX). Así, por ejemplo, Brasil es el primer productor mundial de café y caña de azúcar, Chile de cobre, México de plata, etc.
Esta especialización en un producto o en unos pocos, se denomina economía de monocultivo.

La actividad agraria

La actividad agrícola ocupa un rol fundamental dentro de las economías de la región. Aunque los países hayan tratado de diversificar sus producciones.
Ya se practicaba en nuestros territorios desde épocas prehispánicas, por parte de los pueblos originarios sedentarios; como los Aztecas en el actual territorio mexicano y los Incas sobre la costa del Pacífico, principalmente en territorio peruano, pero llegaron incluso al NOA argentino.

Organización del espacio agrario y tenencia de la tierra

La forma de organización del espacio agrario en cada país, va a depender de numerosos factores entre los que se destacan las condiciones naturales (relieve, clima, suelo, recursos hídricos), los antecedentes históricos, la inversión de capitales, la disponibilidad de mano de obra, el uso de tecnologías, etc.
Si podemos hablar de algunos rasgos comunes en toda la región.
Coexisten una agricultura comercial (altamente redituable y orientada a la venta en los mercados) y otra de autoconsumo o subsistencia (de escaso rendimiento y destinada al consumo familiar). Esta característica se relaciona estrechamente con el gran desequilibrio en la tenencia de la tierra: pocos propietarios poseen grandes extensiones de tierra (latifundios), mientras que la mayoría dispone de pequeñas parcelas, que resultan poco productivas (minifundios).
Los productos obtenidos en las explotaciones comerciales (sean latifundios o explotaciones medianas) se destinan a la venta tanto en el mercado interno como en el internacional. La mayoría de las explotaciones pertenecen a grandes empresas que invierten importantes sumas de capital en tecnología con el fin de obtener altos rendimientos. Los minifundios, en cambio, apenas producen para el consumo familiar y, si queda algún excedente, este se comercializa dentro del mercado local. Como consecuencia, los pequeños agricultores no logran reunir el capital suficiente para acceder a nuevas tecnologías que les permitan aprovechar la tierra en forma intensiva, es decir, obtener mayor cantidad de productos por unidad de superficie.
Estas desigualdades en la distribución de la tierra y de los ingresos han ocasionado fuertes contrastes sociales en la población rural latinoamericana, en la que predominan los sectores afectados por la pobreza y la marginalidad.

La revolución verde
Este programa, impulsado por la FAO (Food and Agriculture Organization) en la segunda mitad del siglo XX, buscaba incrementar y diversificar los rendimientos agrícolas en las regiones menos desarrolladas del mundo a partir de la implementación de un “paquete tecnológico” compuesto por semillas de alto rendimiento, plaguicidas, fertilizantes, sistemas de regadío, maquinarias, etc. Si bien los resultados de la revolución verde fueron positivos desde el punto de vista técnico y del aumento de la producción, sus consecuencias sociales fueron muy cuestionadas, ya que no todos los productores pudieron acceder a esas mejoras tecnológicas.

Los actores sociales de la agricultura

Tenemos las grandes explotaciones comerciales, los medianos y pequeños productores y los campesinos sin tierra.

Grandes explotaciones comerciales

De acuerdo con la actividad predominante y la forma de organizar la producción, las grandes explotaciones agropecuarias de América Latina reciben diferentes nombres.
Las plantaciones son propias de las áreas tropicales y subtropicales (América Central, el Caribe y Brasil). Por lo general, están en manos de grandes empresas extranjeras, que invierten en tecnología para obtener altos rendimientos. Suelen especializarse en un solo cultivo (monocultivo), por ejemplo, café, caña de azúcar, cacao, plátanos, etc.
Las haciendas existen en la región desde la época colonial y, si bien son propias de los países andinos, también se han desarrollado en México y en el interior de Brasil; en este último país, reciben el nombre de fazendas. Se dedican tanto a las actividades agrícolas como a las ganaderas y la producción se destina al consumo local y a la comercialización dentro del mercado local y regional.
Las estancias son establecimientos característicos de la Argentina y Uruguay. Ocupan grandes superficies y se especializan en la cría extensiva de ganado, aunque también suelen dedicarse al cultivo de cereales, de oleaginosas y de forrajeras.
En los últimos años, las grandes explotaciones, han ido incorporando otras actividades a las tradicionales, como el procesamiento y la comercialización de la producción. Para ello, hubo una fuerte inversión de capitales (en la mayoría de los casos de origen extranjero) que convirtieron a estas explotaciones en verdaderos complejos agroindustriales, también llamados agribusiness.

Medianos y pequeños productores

Otros protagonistas del espacio agrario latinoamericano son los pequeños y medianos productores rurales. Los primeros son campesinos pobres, propietarios de parcelas muy pequeñas, por lo general, heredadas y poco rentables, en las que se practica una agricultura de subsistencia. La producción de alimentos básicos, como maíz, papa, mandioca, etc., solo alcanza para cubrir las necesidades básicas del grupo familiar. En un nivel intermedio, se encuentran las explotaciones agrarias de mediana extensión, como las chacras argentinas, dedicadas al cultivo de frutas, legumbres y hortalizas con fines comerciales.

Campesinos sin tierra

Son el eslabón más vulnerable del espacio agrario latinoamericano. La carencia de tierras donde asentarse y trabajar hace que miles y miles de campesinos vivan en situaciones de extrema precariedad y pobreza.
En varios países, estos grupos sociales se organizaron para reclamar y, en algunas ocasiones, han ocupado tierras consideradas improductivas. Uno de los movimientos más importantes es el Movimiento sin Tierra (MST).

La diversidad agrícola

En la región se produce una gran cantidad y variedad de productos agrícolas. Esa diversidad agraria tiene que ver con las condiciones naturales de cada lugar, pero también con la tecnología que se aplica, ya que gracias a su aporte muchas regiones han mejorado o diversificado su producción.

Los cultivos tropicales

Los cultivos tropicales, como caña de azúcar, café, cacao, plátano, frijoles, mandioca, tabaco, etc., son los que se llevan a cabo en áreas donde la temperatura y la humedad son elevadas durante todo el año. Estas condiciones resultan muy favorables, pero también provocan serias dificultades.
Entre los beneficios se encuentran: la gran disponibilidad de luz solar favorece la fotosíntesis, fundamental para el crecimiento de los vegetales; la humedad ambiental satisface adecuadamente las necesidades de agua de las plantas, y las elevadas temperaturas permiten el desarrollo de una amplia gama de cultivos.
Dentro de las dificultades podemos mencionar: la combinación de temperaturas altas y humedad elevada hace proliferar hongos, insectos, malezas, etc.; la estacionalidad de las precipitaciones condiciona el calendario agrícola; las probabilidades de inundaciones y sequías son mucho mayores y, como consecuencia los suelos están más expuestos a la erosión.
Además de las dificultades generadas por las condiciones naturales, existen las problemáticas sociales, como el alto índice de pobreza y marginación de la población rural de la zona tropical. Según datos de la FAO, es allí donde se concentran los mayores niveles de pobreza y hambre. La mayor parte del campesinado depende de la agricultura para subsistir y cientos de miles de familias sin tierras están afectadas por la desocupación y la indigencia.
En el otro extremo tenemos las plantaciones, grandes propiedades en general de capitales extranjeros, dedicadas a los cultivos con alta demanda internacional: café, caña de azúcar, cacao, etc.

Cultivos de montaña

En la montaña, los cultivos se disponen en pisos según la temperatura. Así como la disminución de T° en un grado cada 180 metros, genera un escalonamiento de los ecosistemas; esta característica es utilizada para cultivar. Por ejemplo en las áreas tropicales, en el pie de las montañas se ubican los cultivos de climas tropicales y, a medida que se asciende y la temperatura va disminuyendo, encontramos cultivos de mayor adaptabilidad a los climas fríos. A su vez, serán más beneficiosas las laderas expuestas al sol y a los vientos húmedos.
La gran pendiente de los terrenos montañosos aumenta la velocidad de escurrimiento del agua de lluvia. Para poder cultivar y evitar el impacto de la erosión hídrica, se construyen terrazas o bancales sobre las laderas de las montañas.

Cultivos templados

En la Argentina, sobre todo en la pampa húmeda, la organización del espacio agrario ha dado lugar a una explotación comercial, muy tecnificada y productiva, basada en el cultivo de cereales y oleaginosas. Esta región cuenta con recursos naturales óptimos (clima templado con lluvias suficientes, relieve llano y suelos fértiles) y, además, se ha ido modernizando y, así, convirtiendo en una de las zonas agrícolas más importantes del mundo.
Los cultivos principales son los cereales, en especial trigo y maíz, las oleaginosas, como la soja, el girasol y el lino, y las forrajeras, como la alfalfa, utilizadas para la alimentación del ganado.
La región pampeana ha sido tradicionalmente una región agrícologanadera; sin embargo, los mayores rendimientos se alcanzaron en las últimas décadas gracias a la incorporación de fertilizantes, abonos, semillas seleccionadas y maquinarias especializadas que incrementaron la productividad de la tierra. Este proceso de modernización tecnológica coincidió con el aumento de la demanda internacional de trigo y soja, por lo que, en muchos sectores, la ganadería fue desplazada por la agricultura.
La notoria expansión del cultivo de soja por sobre otras actividades productivas recibe el nombre de proceso de sojización y es un fenómeno que afecta a la Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay.  Presenta aspectos positivos, como el ingreso de divisas para los productores y sus países; y otros negativos como el alto impacto ambiental.

Agricultura de regadío

En América Latina, la agricultura de regadío se ha desarrollado en varias de las zonas de clima árido y semiárido, donde la escasez de agua limita el crecimiento y desarrollo de las plantas. Los sistemas de riego se implementan aprovechando el agua de las napas subterráneas o de los ríos cercanos, que se traslada por medio de canales o acequias hasta las zonas de cultivo.
El riego artificial constituye una excelente alternativa para cultivar en áreas con lluvias escasas, pero no todos los países y regiones han podido llevarlo a cabo, ya que para instalar estos sistemas hay que disponer del capital suficiente para realizar importantes obras de infraestructura (nivelación del terreno, construcción de canales, represas y diques).
México, Chile, Argentina y Perú son los países que más han logrado expandir su frontera agrícola (límite hasta donde se extiende el área cultivada) gracias a la utilización de obras de regadío. En Argentina la agricultura de las provincias de La Rioja, San Juan, Mendoza y Río Negro son absolutamente dependientes de estos sistemas.
El uso ineficiente de los sistemas de riego puede provocar la degradación del suelo.
Por ejemplo, si se aplican estos sistemas en lugares de pendientes pronunciadas, las posibilidades de erosión hídrica aumentan considerablemente ya que el agua de riego se escurre con mayor velocidad y provoca el lavado del suelo. Esto puede resolverse mediante una técnica muy sencilla que consiste en cultivar según las pendientes o en contorno, es decir, ubicando los cultivos de modo que corten la pendiente del terreno y frenen la velocidad del agua.
Por el contrario, si estos sistemas se instalan en zonas de escaso drenaje, el agua permanecerá estancada y anegará las zonas de cultivo. Como las aguas de riego disuelven las sales del suelo, cuando se evaporan, la sal queda concentrada en la superficie provocando un fenómeno conocido como salinización. Algunos de los países latinoamericanos más afectados por este proceso son Cuba, Argentina, México y Perú.
Para solucionar estas dificultades, se crearon sistemas de riego más sofisticados, como los de aspersión (imitando la lluvia) y goteo, pero su instalación es compleja y su costo elevado.




La agricultura sustentable

El monocultivo, la mala utilización de las aguas de riego, el uso masivo de agroquímicos y el intenso laboreo de la tierra han causado, en numerosas regiones de América Latina, severos daños ambientales, económicos y sociales.
Ante esta situación, distintos organismos internacionales, científicos, economistas y productores comenzaron a trabajar en forma conjunta en la búsqueda de nuevas alternativas, para una producción sustentable.
En líneas generales, una agricultura sustentable es aquella que mantiene la productividad del sistema a largo plazo, sin degradar los recursos naturales ni la calidad de vida de la población.
En este aspecto, es importante el rol que cumple la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). Este organismo fue creado en 1945 con el objetivo de asegurar la nutrición, combatir el hambre y mejorar las condiciones de vida de la población rural a nivel mundial por medio del desarrollo agrícola y la conservación de los recursos naturales.
Algunas de las técnicas que permiten una agricultura sustentable son:
-La rotación de cultivos, que consiste en alternar durante el año, cultivos que extraen del suelo nutrientes diferentes y así lograr un equilibrio que permite conservar la fertilidad del suelo. También suelen combinarse las plantas de acuerdo con su color, su olor y las secreciones de sus raíces y, de ese modo, se reducen considerablemente los parásitos, insectos y malezas.
-La intersiembra consiste en sembrar hileras de dos cultivos diferentes en un mismo lote; por ejemplo, soja y girasol o maíz. Como tienen distintos tiempos de crecimiento, los cultivos pueden aprovechar mejor la luz y el agua.
-La siembra directa, o sistema de “labranza cero”, consiste en utilizar unas sembradoras especialmente desarrolladas para esto, que abren surcos, donde se depositan las semillas, sobre los rastrojos. Es decir no se rotura la tierra y el suelo nunca queda expuesto al aire libre, evitando la erosión hídrica y eólica.
-La agricultura de precisión, se basa en una combinación de tecnología satelital y la recolección de información de las áreas sembradas a través de sensores. Así se obtienen datos sobre la cantidad de humedad que requiere el cultivo, el tipo de nutrientes que necesita el suelo, en que sector del campo se deben aplicar fertilizantes, etc.
La Argentina es uno de los países de la región donde más se utiliza, seguida por Brasil.